











by Gabriel Moncayo





























El brillo del uniforme militar
John Galliano, tiene a su mando dos de las casas de moda mas influyentes, la mundialmente famosa Christian Dior y la propia. Para la colección otoño-invierno 2009/2010 de la casa de John Galliano, el diseñador traslada su estética a otra Europa, una menos conocida pero no menos interesante, dejando atrás los grandes chateaux de occidente y sumergiéndonos en chales de campesinos ucranianos y bielorrusos en el oriente.

Por sus pasarelas caminaron hermosas mujeres con caras pintadas de blanco, adornadas con tocados hechos de monedas y tul. En sus cuerpos llevaban prendas de seda y lana con fuertes inspiraciones en uniformes militares griegos en colores sombríos como el negro, plata, blanco y gris, haciéndonos imaginar lo que seria una exquisita novia rusa en lo mas remoto de la Siberia, ¿Quién se hubiera imaginado que las riberas del Volga fueran tan chic?
Citando las palabras del reconocido periodista de moda Tim Blanks en su show Fashion File, “¿Quien mejor podría describir un show de John Galliano? Pues John Galliano obviamente”, el señor Galliano describe su última colección y la fuente de su inspiración llamándola Novias Vírgenes Ucranianas, como si fuese un recorrido por el río Dniéper hasta las costa del Mar Negro, pasando por Rumania e inspirándose en Brancusi y sus columnas sin fin para el diseño de los tacones que llevaban en sus pies, quizás para honrar a ese viejo dicho que mientras más alto, mas cerca de Dios se esta, pero ¿cual será esta deidad de John Galliano? Una hermosa matryoshka quizás, cubierta en oro, rubíes y diamantes.
De Paris a Moscú
Karl Lagerfeld es quizás una de las mentes más brillantes en el mundo de la moda actual. Está al mando como director creativo de su propia marca, Largerfeld al igual que de las prestigiosas casas de Fendi y de la célebre Chanel.
El señor Largerfeld, creo para el otoño 2009 de Chanel una colección inspirada en la relación amorosa de la creadora de la marca, Coco Chanel con el Gran Duque Dmitri Pavlovich, dando rienda suelta a un sinfín de imágenes desde el ballet del Bolshoi pasando por las creaciones de Fabergé para los Romanov, hasta el folklore siberiano con toques militares que mezclan perfectamente el lujo zarista con la rigidez soviética para crear una de las colecciones más bellas y lujosas.

El desfile fue ambientado como un viejo café de Moscú, oscuro, sombrío, cálido y con sabor a vodka. Allí desfilaban las modelos que parecían criaturas eslavas con aires a gran duquesas bizantinas reclamando el trono que les fue arrebatado cruelmente, con grandes tocados en la cabeza, adornados con perlas, inspirados en las coronas de las zarinas y en las auras de los íconos de vírgenes ortodoxas. Cargaban carteras de color rubí que parecían hermosos huevos Fabergé colgando de cadenas de oro y piedras preciosas; los tacones de los zapatos eran reproducciones de las cúpulas arabescas invertidas de la catedral de San Basilio, los modelos vestían uniformes negros con fuertes líneas soviéticos y botas militares hasta las rodillas, todo esto regresaba a una época previa al comunismo, cuando los Romanov reinaban y el lujo tenía significado.
Fue un desfile que en estas épocas de recesión y crisis económica hacían dudar de la existencia de la misma, pero después se recuerda al mercado que esta dirigido y la mirada en oriente que tuvo Karl Lagerfeld al producirlas. Ahí se entiende su apodo de kaiser, por la genialidad al crear y visionar la belleza antes los ojos de las compradoras.

En la actualidad existe en Rusia una clase social muy influyente, cosmopolita que ha dejado atrás la amargura del comunismo del siglo XX, y se ha perfeccionado, educado y refinado. Atrás quedaron los pantalones apretados de símil de cuero fucsia, con plataformas de charol y pieles de plástico de los ‘90.
Ahora la calle Ostozhenka en Moscú tiene más un parecido a la Avenue Montaigne parisina o a la Quinta Avenida neoyorquina, con tiendas de lujos por doquier, desde Balenciaga y Gucci hasta Cartier y Van Cleef & Arpels. Contrastando con sus pares en Paris y Nueva York, las tiendas rusas siguen vendiendo y el cliente sigue comprando como si vivieran en una burbuja dónde no existen palabras como Madoff, caída de la bolsa o recesión, allí la fashionista sigue sana y viva.
La recesión y Rusia
El 2008 fue un año decisivo en nuestra cultura actual, un ciclo de cambio, una transformación que se venía gestionando durante los últimos 9 años. Esta ultima década que termina con la llegada del 2010 fue marcada por una crisis que solo se hizo visible en estos últimos meses, pero que ya se venia palpando e ignorando desde hace mucho más.
La Rusia que todos conocíamos era la del comunismo, tan roja como la sangre y tan negra como el petróleo, esta Rusia, ahora un poco más burguesa y capitalista es la que hace y deshace en uno de los altares mas adorados de occidente, la moda.
La actual situación económica de las potencias mundiales como la de los Estados Unidos, la mayoría de estados europeos y Japón han forzado a las grandes maisons de moda a buscar nuevos terrenos y nuevas fronteras para sobrevivir y llevar sus marcas a una nueva década y no quedar rezagados a museos y libros de indumentaria, en compañía de históricos diseñadores como Poiret y Schiaparelli.
Con este propósito de diversificar su clientela y atraer a nuevas compradoras, los directores creativos de varias marcas han volcado su mirada hacia oriente, especialmente a Rusia, para allí encontrar fuentes de inspiración para sus colecciones y al mismo tiempo atraer a los nuevos multimillonarios petroleros surgidos después de la caída del muro y que al parecer sólo se hacen más fuertes frente a la reciente crisis económica de las antiguas bastiones de poder y riquezas.
